
Carla y Oliver pasan unos días en la casa de su abuelo, junto a un faro que se alza sobre un acantilado azotado por el viento y vigilado por gaviotas.
Los días avanzan con calma, hasta que descubren una puerta vieja, cerrada con cuatro candados.
Las palabras del abuelo son claras: “Nunca, jamás, por nada del mundo, crucéis esa puerta”.
Pero hay misterios que no pueden ser ignorados…
Un libro infantil repleto de aventura, magia y misterio, ideal para niños que sueñan con descubrir mundos extraordinarios.
Genre: JUVENILE FICTION / Thrillers & SuspenseAutor con miles de libros vendidos y miles de valoraciones en Amazon.
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Carla y Oliver son hermanos.
Si los vieras, te darías cuenta enseguida porque se parecen un montón: los dos tienen el pelo rubio, los ojos marrones y la misma sonrisa.
Además, tienen mucho en común: les gustan los animales, la pizza y leer libros de aventuras, entre muchas otras cosas.
Carla y Oliver tienen nueve años, van al mismo colegio y son compañeros de la misma clase.
Pero si hay algo que comparten, sin duda, es su fecha de nacimiento.
¡Oh, sí!
Resulta que Carla y Oliver nacieron el mismo día y a la misma hora. Aunque, bueno, para ser sinceros, Carla nació un poco antes. Exactamente, es media hora mayor que Oliver, lo que la convierte en la hermana mayor.
—¡Jaque mate! —le dice a su hermano.
Oliver se lleva las manos a la cabeza. Su hermana siempre le gana al ajedrez y eso le da mucha rabia.
—¡Has tenido suerte! —le dice, guardando las piezas.
—¡Claro, va a ser eso! —Carla se pone en pie y empieza a saltar—. ¡Te he ganado porque soy una campeona!
Oliver, con la cabeza agachada, sigue metiendo las piezas en la caja de madera.
—¿Sabes por qué te gano siempre? —Carla lo mira fijamente a los ojos con una sonrisa de oreja a oreja—. Te gano porque soy tu hermana mayor.
Y empieza a reír.
Oliver detesta que le diga eso. Siempre que puede, aprovecha para decirle lo mismo.
—¡Solo eres treinta minutos mayor que yo! —le recuerda.
Carla suelta una carcajada.
—Media hora es media hora, hermanito pequeño. —Y se marcha, dando saltitos y canturreando de pura felicidad.
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