
Sinopsis
Caja de colores nace desde mi experiencia clínica con el contacto humano y la necesidad de construir espacios terapéuticos más sensibles, creativos e integrales. A través de casos reales, experiencias simbólicas y herramientas expresivas, este libro propone una mirada distinta sobre la psicoterapia: una donde sanar no significa comprender, sino también sentir, crear, conectar y abrazar nuestras emociones con autenticidad.
Más que un manual convencional, Caja de colores es un recorrido terapéutico y profundamente humano, donde la emoción encuentra su voz incluso cuando la mente calla. Porque el cuerpo recuerda. El símbolo revela y el arte logra expresar aquello que muchas veces no puede decirse con palabras.
Desde el humanismo, la terapia no sólo se explica.
La terapia se pinta.
Se construye.
Se escucha
.
Y, sobre todo… se siente.
Recién lo acabo de escribir y publicar, es mi tercer manual de psicología más no de estudio sino de reencuentro contigo mismo
El duelo después del abandono
Cuando Jorge llegó a consulta, tenía cuarenta años y atravesaba una profunda crisis emocional. Describía que padecía de ansiedad intensa, insomnio, sensación de vacío y un estado depresivo que había comenzado después de la ruptura con su pareja de varios años.
Durante mucho tiempo había construido gran parte de su estabilidad emocional alrededor de esa relación.
Su pareja inició otra relación rápidamente y aquello generó en él sentimientos de abandono, reemplazo y desvalorización personal.
El vacío emocional y la búsqueda de alivio
Después de la ruptura, comenzó a involucrarse en encuentros sexuales impulsivos buscando aliviar el dolor emocional y la ansiedad.
Con el tiempo, esta dinámica terminó impactando también su salud física y emocional, aumentando la culpa y el deterioro de su autoestima.
Más allá de la conducta en sí, el proceso terapéutico buscaba comprender qué necesidad emocional intentaba cubrir a través de esos impulsos: regulación emocional, validación, conexión, alivio del vacío, y necesidad de sentirse acompañado.
En muchas personas, las conductas impulsivas aparecen como intentos desesperados de anestesiar el dolor interno.